sábado, 17 de octubre de 2015

EL QUINTO PLANETA, Capítulo Dos



Kail

La continua evolución de las armas,  mantenía su razón de ser

El Profesor principal de las ciencias de la universidad Commo Berenices de la capital Berenices del planeta Storms, el Doctor Kail Jonstons junto a su novia la doctora Yaxika Cartauruis, experta en proyecciones de masas y psicocomportamiento humano, disfrutaba de la tranquilidad del mar, a donde se habían retirado después de arrendar una de las muchas casas de playa a lo largo del inmenso mar de Galileo, del lejano planeta Storms del sector siete de la galaxia NGC 4414. Una galaxia espiral en la constelación Commo Berenices, perteneciente a la Unión Galáctica, ubicada a 62 millones de años luz de la tierra. Entre risas y el salpicar de las limpias aguas del tranquilo mar de Galileo, la pareja gozaba del inmenso amor que se profesaban. Próximos a contraer matrimonio, ajenos a cualquier problema se sentían felices y tranquilos. Todo  listo para la gran ceremonia, a realizarse en escasos 9 días. Asistirían las más significativas autoridades del planeta y de la comunidad científica de la esta parte de Galaxia. El Doctor Kail Jonstons gracias a su peculiar don de la intuición, pudo hacer una brillante carrera hasta convertirse en un reconocido científico en filosofía-socio-antropológica, historia, lingüística y cosmovisión lumínica quántica, profesión conocida en los círculos científicos como Luminointuantropología. 

Una sensación de intranquilidad distrajo el feliz momento que disfrutaba con su amada Yaxika, su privilegiado cerebro empezó instintivamente un rápido análisis de la situación. Una tormenta en esta estación del año no era posible, sin embargo no pudo dejar de observar la tranquilidad del extenso mar que se perdía en el horizonte tratando de extraer algún dato valido de ello. 

- Sucede algo amor –le dijo sonriente Yaxika, de pie junto a él, mientras las tranquilas aguas besaban sus pies. Lo conocía perfectamente bien para saber que algo grave le estaba ocurriendo, le acaricio el rostro tratando de traerlo de vuelta en sus pensamientos al momento que disfrutaban. Al no tener resultados agregó- ¿Es grave?

- Tranquila no pasa nada, es solo que… –al momento una pequeña mancha en las alturas llamo rápidamente su atención. Junto con Yaxika observaron cómo rápidamente aquella mancha oscura en lo alto del limpio cielo del planeta Storms empezaba a tomar forma. Reconoció La nave de la Unión Galáctica como una de las más avanzadas a nivel militar. De ella descendió una pequeña nave de reconocimiento que aterrizó a pocos metros de ellos. Un leve zumbido interrumpió la tranquilidad de la playa, que hasta antes de este momento solo era testigo del amor de la única pareja.

Un grupo formado por siete efectivos de la guardia galáctica, fuertemente armados, descendió de la nave de reconocimiento. Rápidamente y en formación compacta se acercaron a la orilla, donde se encontraba el Doctor Kail y su novia. El que parecía el jefe del destacamento se dirigió a él, con un rostro inexpresivo, en escuetas palabras dijo:

- Doctor tiene que acompañarnos, inmediatamente –su voz sonó gruesa y áspera, sin dejar a dudas que antes que un pedido estaba transmitiendo una orden, dejando claro que las armas fotolumínicas, que portaban, no eran para nada decorativas del uniforme verde oliva de la Unión Galáctica.

Lo primero que le sorprendió fue saber cómo lo habían localizado, conocía de la enorme red de control ciudadano que tenía la unión galáctica, pero aun así le asombro la enorme precisión que tuvieron al encontrarlo, pues la nave había venido directamente a ellos, pese a la inmensidad del mar de Galileo del planeta Storms. Y según recordaba la elección de aquel lugar, lo había realizado al azar, pues era para él una forma de sacarle la vuelta a su analítico cerebro y al sistema finamente estructurado para el comportamiento de las masas que la unión había implementado a lo largo del universo dominado por la humanidad.

Al indagar porque de la urgencia, queriendo ganar tiempo para dejar a buen recaudo a su amada novia, pues no necesito preguntar para saber que ella no los acompañaría. El jefe del grupo, un hombre de pocas palabras se limitó a decir escuetamente "Asunto de seguridad biológica". Con ese argumento comprendió, asimismo, que nada podía hacer para no acompañarlos. Según la ley Galáctica bajo circunstancias de “Seguridad biológica” nadie podía negarse ni resistirse a lo dispuesto por la guardia galáctica. Pensó qué por ser él un miembro de la comunidad científica su presencia resultaba inevitable. Por más información que solicito no obtuvo más respuestas. No podían perder más tiempo era necesario que los acompañe inmediatamente insistieron, haciendo notar que no estaban dispuestos a ninguna consideración ni a perder más tiempo.

Su peculiar intuición alertaba sobre un gran peligro. Sin embargo no entendía por qué. No había ocurrido nada extraño y extraordinario en los últimos días e incluso  meses, que le indicara algún problema de tipo biológico o también político. Cómo hombre de ciencias socio antropológicas siempre mantenía una amplia gama de información sobre lo que ocurre en los dominios de la Unión Galáctica. No había nada. Recurrir a “seguridad biológica” era en muchos casos un argumento político. No era bueno retrasar más al contingente militar. Miró a su novia. Se estremeció al sentir que sería la última vez que la vería, tomo su rostro entre sus manos. A través de la palma de sus manos podía transmitir mejor sus sentimientos. Beso sus labios tiernamente. El amor intenso que sentía por ella quiso que se prolongará en el tiempo, y sin embargo solo tenía un último beso. Se despidió de ella diciéndole que regresaría lo más pronto posible, que lo más probable es que se trate de unas cuantas horas mientras solucionaba el impase, pues como estaban a punto de casarse, todo estaba dispuesto para una larga ausencia en sus labores. Cada vez se hacía más fuerte para él, la rara sensación que nunca más la vería. Se dijo a si mismo que era una tontería pensar así, pero era consciente que casi siempre su intuición no fallaba. 

Fue llevado a un gran hangar en el puerto galáctico del planeta Storms. El hangar inmenso que se imponía soberbio sobre el resto de edificación del puerto estelar, no había estado allí hace unos días, estaba seguro de ello. Desde el despacho que poseía en la universidad, gozaba de una vista panorámica de gran parte del puerto galáctico y del resto de la ciudad. Se sorprendió de su magnitud y de lo rápido que debió haber sido construido. Sin embargo, lo que más le sorprendió fue encontrar allí reunidas miles de persona. Agrupadas por filas iban marchando con paso resignado en orden y en el más absoluto silencio, ahogado por las ásperas órdenes de la guardia galáctica.

En espacio puerto donde lo llevaron, habían colocado dispositivos de análisis lumisensorial. Él y los demás formaron parte de las inmensas colas por donde iban pasando, uno detrás del otro. Reconoció que el sencillo dispositivo de análisis lumisensorial, era el que frecuentemente utilizaban los viajeros espaciales que provenían o partían hacia los jóvenes planetas considerados de alto riesgo biológico. Al colocar la mano, una diminuta aguja de titanio apenas imperceptible extraía una pequeñísima muestra de sangre y ADN. 

Se trataba entonces de una situación biológica no había duda –medito el Dr. Jonstons- ¿Pero qué? Observó que en la totalidad de los casos, de las personas desplazadas allí, que se realizaban el análisis lumisensorial una luz hora intermitente, acompañaba seguidamente el análisis, ello era prueba más que suficiente para concluir que todos tenían algo en la sangre. Todos estaban contaminados. No había duda de ello. ¿Cómo lo sabían de antemano? ¿Era esa prueba o una confirmación? Una confirmación no cabe duda, concluyo nuevamente, antes de plantearse nuevas algoritmos de análisis ¿Si la Guardia Galáctica lo sabía por qué hacerla nuevamente? y ¿Cómo lo supieron previamente? ¿Colocaban acaso alguna sustancia al mismo tiempo que procedían al examen? ¿Los estaban marcando? Su mente hervía en un mar de conjeturas.

Su intuición le indicaba peligro. ¿Por qué corría peligro? ¿Qué podía hacer? No había forma de escape, era una de sus primeras conclusiones al observar toda la situación.  La Guardia Galáctica llevaba entre manos armas de guerra. Su actitud indicaba que no titubearían si llegado el momento tuvieran que actuar. De pronto se sintió observado, mientras avanzaba en la cola y conforme se acercaba, el jefe del grupo de la guardia galáctica que controlaban el dispositivo, no le quitaba la vista de encima, parecía decidido a todo. No le quedo dudas que el también obtendría como resultado luz roja intermitente y dentro de poco estaría a bordo de una de las naves amontonadas en lo alto de cielo  del planeta Storms, como sucedió con los antecedieron. 

Las naves de carga agrupadas, mantenían una extraña formación, una detrás de otra, bajaba cerca a la puerta del hangar y luego subían y saltaban al espacio con su peculiar carga humana ¿A dónde irían?

A bordo de una de ellas, antes del salto intergaláctico, pudo apreciar la presencia de muchas naves de guerra y naves de transporte en los alrededores del planeta. Entre los que compartían su suerte el desconcierto era el mismo, nadie sabía nada. Por más intentos que realizó, no pudo indagar nada de lo que estaba pasando. En el Hangar, identificándose como el Doctor Kail Jonstons, Profesor principal de las ciencias de la universidad, no logró un trato diferente al del resto, menos quisieron darle el mínimo de información. Su intuición al peligro se acrecentaba cada vez más, hasta hacerla casi insoportable y angustiante, pese a que muchas veces había llevado su mente a análisis extremos con miles de datos, que hubieran calcinado cualquier cerebro antes incluso de ordenar los datos. Tenía que tranquilizarse se dijo mentalmente, e inmediatamente no pudo dejar de sentirse extraño ¿tranquilizarme yo? Recordó que nunca se había sentido intranquilo, su mente lo había liberado de ello, siempre tenía el control de las situaciones más extremas que había vivido. Estaba contaminado ¿con qué? ¿Influenciaba esto en él? Instintivamente quiso escapar de esa situación. El peligro estaba en él, como en todos los que lo acompañaban. Pero nada podía hacer estaba encerrado como ganado. 

Mientras todo su ser caía en salto lumínico espacial el doctor Kail Jonstons medito, buscando distraer su angustia, en la capacidad bélica de la fuerza galáctica. A pesar de no haberse realizado ninguna guerra en cientos de años atrás, la humanidad nunca había desistido en la búsqueda de una mejor arma que la anterior que acaba de fabricar. Una situación que se repetía desde los albores de la humanidad, donde la piedra y un arbusto caído constituyeron las primeras armas levantadas por el brazo del hombre. Armas cada vez más letales, más destructivas. La continua evolución de las armas, mantenía su razón de ser como motivo valido ante el riesgo de encontrar en la infinidad del espacio una raza alienígena superior y para la que habría de estar preparados ¿La habían encontrado? –se preguntó-. La Unión Galáctica poseía una fuerza militar inigualable hasta ahora, unida por una única red de mando, encabezada por Airk Tampu tercero, el Presidente Supremo del Consejo Galáctico, quien ejercía el poder secundado por los doce miembros del consejo vitalicio galáctico. Continúo desplazándose a grandes saltos a través del espacio, a miles de años luz, según pudo calcular. Sin tener idea del destino final.

Al despertar del largo viaje, pensó por un momento en lo terrible y fantástico del sueño que acaba de tener. Sin embargo, descubrió que el sueño aún no acaba, o que tal vez el sueño nunca existió. Estaba viviendo toda esa pesadilla, que se acrecentó más al desembarcar en el Planeta Zuberi-b  , donde pudo comprobar, que no era únicamente los ciudadanos del planeta Storms los que estaban siendo desplazados. La operación abarcaba muchos planetas, y por ahora el Planeta Zuberi-b   era el destino final ¿Habría otros mundos a los que estaban trasladando ciudadanos? No puedo evitar seguir formulando interrogantes sobre la delicada situación que le toco afrontar. 

El Planeta Zuberi-b  , no resultaba extraño para el Doctor Kail Jonstons, pues vivió por algunos años en él, preparando su primera investigación, que lo convertiría después en un connotado filósofo antropológico y le abriría las puertas a la comunidad científica. Estudio detenidamente el comportamiento de los habitantes de aquel planeta. Comportamiento que dejo plasmado en su tesis doctoral "influencia solar sobre la conducta humana dispersa en el universo". Sus conclusiones fueron aceptadas por la comunidad científica, lo que le valió  ser considerado dentro de la elite de la comunidad científica contemporánea. Lejos estaba de ser el motivo de su presencia en ese planeta. El motivo se ocultaba en su sangre. Al relacionarse con otros ciudadanos llegados de otros mundos, pudo comprobar que lo que había en la sangre no respetaba ninguna característica en común entre los cientos de miles que llenaban hangares en las principales ciudades del Planeta Zuberi-b. Había reunidos técnicos, campesinos, estudiantes, soldados, científicos como él, personas de las más variadas actividades y también sin ningún patrón de edad: Niños y ancianos también deambulaban de uno a otro lugar en los inmensos espacios habilitados para su permanencia “temporal” como les habían anunciado “por seguridad biológica”.

El hermetismo en la guardia galáctica era total. Nula era la presencia de algún representante del consejo supremo de la Unión Galáctica, quienes sin lugar a dudas estaban dirigiendo las operaciones de concentración de ciudadanos con riesgo biológico, se preguntó si se trataba de alguna enfermedad mortal. Era lo más probable, su intuición así lo afirmaba tan nítido como la sensación de inminente peligro. Era el momento de actuar. No había tiempo que perder, una inusual sensación recorrió su cuerpo, mientras se tensaba y adoptaba una postura beligerante, su mente analítica por primera vez paso por alto este cambio de actitud, como si el pacifico Dr. Kail Jonstons, fuera un guerrero consumado listo para actuar en el momento preciso. La expresión del rostro de los que están con él cambio de las dudas a la seguridad de acción. Los miembros de la guardia Galáctica prepararon sus armas.



...continuará (no se pierda la tercera parte  "Fluían las interrogantes como un torrente incontenible")

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